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Por Miriam Ortuño

Esta semana hablamos de Wikileaks,  un portal de Internet que permite a periodistas y comunicadores poner a disposición del público materiales que han sido censurados. El nombre de esta página es muy significativo y resume perfectamente la función de este servicio público. “Wiki” nos remite a la famosa enciclopedia online Wikipedia y “leak” significa filtración, por tanto la intención de Wikileaks es  desarrollar una versión no censurada de Wikipedia que sirva para la publicación masiva y el análisis de documentos secretos.

Esta organización sin ánimo de lucro fue fundada por el periodista australiano, activista y ex hacker profesional, Julian Assange. La página web ha supuesto un nuevo modelo de libertad de expresión y se financia básicamente a través de las donaciones de organizaciones en defensa de los Derechos Humanos y asociaciones de periodistas y comunicadores. Rechazan toda aportación financiera procedente de gobiernos, empresas o publicidad. Wikileaks se autodefine como el periodismo de investigación más barato.

La fuente principal de información de Wikileaks son los “whistleblowers”, informantes que permanecen en el anónimato tras sus filtraciones. Lo que mueve a estas personas a dar el chivatazo, contaba Assenge durante una entrevista, suele ser la indignación moral, el deseo de sacar a la luz  injusticias que permanecen ocultas en la prensa.

En este portal informativo no sólo figuran informes de países con regímenes dictatoriales, los democráticos también tienen mucho que esconder. Esta semana se filtraron más de 300.000 documentos secretos referentes a las acciones del ejército estadounidense durante la guerra en Afganistán. Estas publicaciones han causado un gran revuelo en EE.UU, pero no es la primera vez que una filtración de Wikileaks se hace eco en la actualidad informativa mundial. En mayo de este año difundieron el famoso vídeo en el que el ejército americano tiroteaba a un grupo de civiles en Bagdad desde un helicóptero Apache. “Mira a esos cabrones muertos”, se escuchaba comentar a uno de los oficiales. “Bien hecho, buen disparo”, le respondía su compañero.

Esta clase de documentos archivados por el Pentágono no son algo irregular y extraordinario. Múltiples informes describen a prisioneros con los ojos vendados, maniatados y recibiendo golpes, latigazos y descargas eléctricas. Como era de esperar, los políticos y los medios de comunicación norteamericanos han atacado la labor de este medio apelando al peligro que suponen estas revelaciones para la seguridad nacional y asegurando que Wikileaks se encuentra aliada con el enemigo.

En definitiva, esta nueva referencia del periodismo no sólo ha ridiculizado el trabajo del resto de medios de comunicación, sino que ha conseguido convertirse en un altavoz incómodo para muchos gobiernos, bancos, empresas multinacionales y poderes públicos. Assange contaba en una entrevista para el diario El País que le avergüenza el estado de impotencia del periodismo y los abusos que se cometen desde la prensa: “El mayor abuso es la guerra contada por los periodistas. Periodistas que participan en la creación de guerras a través de su falta de cuestionamiento, su falta de integridad y su cobarde peloteo a las fuentes gubernamentales”.

Necesitamos más Wikileaks, a nivel nacional e internacional. Un periodismo de calidad, sin censura, que recoja información de todo tipo de fuentes y que ataque las injusticias sociales con datos objetivos. Si queréis informaros más sobre el trabajo y los documentos comprometidos de Wikileaks sólo tenéis que entrar en su página web: http://wikileaks.org/